El cuidado de la salud en tiempos de pandemia.

En estos días de pandemia, el cuidado de la salud se ha convertido en el tema de todas las conversaciones. La salud ha pasado de ser un aspecto de la vida privada, que gestionábamos más o menos en la intimidad, a ser un condicionante de nuestra vida social y de nuestra vida laboral.

Decidimos si nos podemos ir de vacaciones, dónde vamos y con quién, en función de la salud. También lo pensamos dos veces cuándo quedamos a tomar algo o a comer acompañados y el dilema aumenta si queremos hacer amigos o realizar actividades fuera de nuestro círculo social habitual.

El impacto en el mundo del trabajo también es mayúsculo. La llegada del teletrabajo, tan deseado por los que no pueden acceder a él, tiene tantos matices que es difícil pronunciarse a favor o en contra, sin más. Hay quien lo sufre y hay quien lo disfruta pero, es innegable que amplifica nuestra aportación como recursos y reduce nuestra singularidad como personas. Aquellos que siguen acudiendo a su lugar de trabajo tienen que tapar medio rostro, eliminando una parte de su identidad personal, ya que, con una mascarilla y a distancia, somos inexpresivos y embarazosamente parecidos.

Visto así, parece innegable que la salud ha dejado de ser un asunto privado para convertirse en un asunto público.

La peor parte de esta transformación son las medidas “de orden”: las multas, los confinamientos obligatorios, los protocolos, las nuevas obligaciones morales, las medidas disuasorias y las restricciones. En cambio, la parte que más me fascina es nuestro sacrificio como sociedad, individual y colectivamente, para priorizar los cuidados de los más débiles de la tribu, una demostración extraordinaria de nuestro carácter social en la era de la individualidad.

De lo urgente a lo importante…

Puesto que cedemos parte de nuestras libertades individuales en beneficio del colectivo, parece sensato exigir que la salud pase a estar también a la cabeza de las prioridades en materia de gestión. Si bien en los últimos dieciocho meses se ha gastado mucho dinero en lo imprescindible, ya es hora de que pasemos de lo urgente a lo importante. Los actos heroicos son para momentos puntuales y hay que reconocer multitud de carencias en nuestra sanidad.  

Uno de los grandes problemas es la falta de personal formado ante el aumento del nivel habitual de trabajo. Dado que el sistema está dimensionado para cubrir menos del 100% de la carga de trabajo habitual, haciendo que las plantillas estén siempre estresadas, la situación se ha vuelto insostenible. No podemos pretender que la buena voluntad y esfuerzo del personal sostenga la calidad del sistema. Además de reflexionar sobre el adecuado dimensionamiento de las plantillas, hay que apoyarlas con medios y sistemas que les permitan tener la tranquilidad de que no van a cometer errores involuntarios, sea cual sea el grado de carga de trabajo.

Cuando empezamos con el proyecto de AT-Biotech, hace ocho años, nos movía el anhelo de desarrollar sistemas que pudieran ayudar a erradicar los errores que se cometen de forma involuntaria, registrando las secuencias de operaciones para validar su corrección. Hoy, la solución Rhesus Blood by AT-Biotech es el sistema integral de monitorización de operaciones de transfusión más seguro que existe. Desde hace seis años, el número de errores transfusionales en los hospitales que usan el sistema es cero. Lo mejor es que los equipos que lo usan pueden detectar los errores antes de que se produzcan y, en caso de que sea un hecho aislado, corregirlo, y si el procedimiento permite que se produzcan errores, corregirlo. 

No es magia. Con sensores RFID, software y equipos electrónicos se puede hacer un sistema sencillo de usar y robusto que simplifique las tareas, acompañe y de soporte al personal sanitario de trinchera, el que carga con las mayores presiones, ayudando a que, en los despachos, se pueda entender y mejorar lo que no está funcionando como debiera. Nuestros profesionales no merecen trabajar con los pocos medios de que disponen y los pacientes merecemos mayor seguridad.

Aunque el beneficio de tecnologías como la de Rhesus Blood y Rhesus Tissues podrían ayudar a otros sufridores sanitarios – detectando errores en la medicación, localizando equipos que no se sabe dónde están o ayudando en la gestión de los almacenes – la inversión disponible para aquello que no es urgente aun es pequeña.

La necesidad de invertir en calidad sanitaria y en seguridad del paciente.

Por ello, desde mi rincón, invito a que se considere seriamente la necesidad de invertir en calidad sanitaria y en seguridad del paciente. Los fondos europeos, vertebradores del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia recientemente anunciados por el Gobierno de España, pueden significar un avance estructural único, una oportunidad de hacer lo que no hemos podido en los últimos diez años y de lo que nos beneficiaremos en los próximos veinte. En España, hay mucho talento en empresas pequeñas con propuestas de gran valor, que ven difícil hacerse un hueco porque los presupuestos para lo que no es urgente son insuficientes . Ahora que la salud ha pasado a ser un asunto público, la calidad y la seguridad son una obligación de los gestores públicos y un derecho de profesionales y ciudadanos.

Madrid, 12 Agosto 2021.

Aida Agea Merino

CEO & Managing Director AT-Biotech